martes, 30 de julio de 2013

Dag Hammarskjöld (1905-1961)


Secretario General de la ONU y 
Premio Nobel de la Paz



Dag Hammarskjöld 
(1905-1961)


No creo que sea invocando la letra y olvidando el espíritu de la ley que se construye un futuro de paz.
Dag Hammarskjöld

Por Bernardo López Ríos *

* Católico, Apostólico y Romano, fiel a las enseñanzas de Su Santidad el Papa Francisco, de Su Santidad Benedicto XVI, Papa Emérito, del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia Católica


Introducción

Fulton J. Sheen nos muestra que en el mundo moderno ha habido santos que se entregan a una causa que entraña predisposición a morir por ella; consideran secundario al principio de seguridad y absorben el peligro de muerte como quien bebe vino. No buscan el martirio, pues éste es un don de Dios, sino que, cual unos agentes de su Hacedor, están dedicados a su causa de tal suerte que no desean nada para sí mismos. O, como dice Arthur Koestler en su Diálogo con la muerte:

“Creen que fue necesario y justo vivir y luchar por la vida y hasta morir para que otros pudiesen vivir. Como estuvieron firmemente convencidos de ello, y como su vida dependía de su fe, no temieron a la muerte”.

La interioridad

La índole espiritual de Dag Hammarskjöld fue la interioridad como medio para mantener el sosiego, que ha de estar en el interior del corazón antes de ser proyectado al exterior de él. Todo aquel que lucha contra sí mismo luchará contra otros.

La interioridad representó la contemplata de su vida, por lo que fue un hombre muy discreto. Hubo sólo uno a quien él conocía desde su juventud y en quien confió. La única manifestación de su carácter la hallamos en su diario, compuesto de autoanálisis consecuentes, como

¿Qué debo perdonarme hoy?

¿A quién he ofendido?

¿Debo reprimirme?

Casi todos los santos principales dejaron sus memorias; en ellas refieren sus encuentros místicos con Dios: La nube de lo desconocido, de Juliana de Norwich; Preces, de Lancelot Andrews, y Castillo interior o Las moradas, de Santa Teresa. La mayoría de ellos formaron parte de comunidades religiosas y estuvieron alejados de la vida humana, por lo cual casi todas sus obras están desligadas de las cosas terrenales.

Dag Hammarskjöld poseyó ese alejamiento o interioridad; pero lo exteriorizaba al interceder a favor de la paz. Su espiritualidad se puede equiparar con una corriente subterránea que sale de vez en cuando a la superficie.

Señalando la religiosidad del futuro, escribió:

En nuestros días, el camino de la beatitud atraviesa inevitablemente el mundo de la fuerza.

Sven Stolpe conoció bien a Hammarskjöld y escribió su “retrato espiritual”; en él presenta el objetivo fundamental de su vida:

De muchacho vio a su padre sufrir injustamente a causa de los negocios públicos; esto motivó que fijase sus pensamientos en Cristo, condenado por su constante amor al hombre. A reserva de cultivar su interioridad, se dedicó a la jurisprudencia. En un momento de inspiración, escribió:

Me parece que el hombre casado gasta el noventa por ciento de sus energías en competir con la neurosis de su consorte; ello difícilmente puede producir un efecto moral oportuno.

Dag Hammarskjöld había nacido el 29 de julio de 1905 en Jönköping, Suecia, hijo de Hjalmar, un hombre con una “gran unidad interior” que fue primer ministro durante la gran guerra, ministro de Justicia, embajador y gobernador de Uppland, y de Agnes, una mujer con una visión radicalmente democrática, evangélica y una apertura hacia la vida.

Hammarskjöld obtuvo licenciaturas en Leyes y Economía por la Universidad de Uppsala y su doctorado en Economía en Estocolmo. A los 30 años fue nombrado subsecretario del Ministerio de Finanzas y presidente del Consejo del Banco Central.

Hammarskjöld, afirma Brian Urquhart, “se consideraba un servidor público no político, aun habiendo sido ministro a partir de 1951, y nunca se unió a un partido político”.

Durante diez años trabajó con Ernst Wigforss, eminente político socialdemócrata, quien “admitía abiertamente que la forma moderada de economía planificada adoptada con tanto éxito en Suecia era tanto obra suya como de Hammarskjöld”, un modelo que puede encajarse en el marco de la Economía Social de Mercado.

Cuando Dag Hammarskjöld fue elegido secretario general de la ONU, en abril de 1953, para muchos no era más que un alto funcionario sueco desconocido. Sin embargo, paso a paso, consiguió avanzar la posición de Naciones Unidas y su propia posición en la política mundial.

Sven Stolpe dice de él:

“A poco de conocer a este hombre joven, advertí que era el más incorrupto de cuantos conozco y he conocido”.

Y, hablando de su dedicación a otras cosas fuera de las mujeres, escribe en Retrato espiritual:

La entrega a una obra creadora es el destino de quienes son llevados al umbral de ella en el acto de sacrificio espiritual y no en el sexual, y experimentan idénticamente el poder deslumbrador de la tronada.

Describió escrupulosamente la energía que se puede emplear en nobel designios en vez de malgastarla en el acto sexual: “En cuanto se renuncia a cualquier salida, la cabeza transforma el carbón en diamante”.

El corazón del hombre

Los conflictos bajo la superficie de la política internacional son conflictos cuyo campo de batalla siempre ha sido, es y será, en los corazones de los hombres. Debemos guiarnos por una consideración de las futuras consecuencias de lo que hacemos, pero nuestro trabajo por la paz debe perseguirse con la paciencia de alguien que no tiene ansiedad por los resultados, porque actúa en la calma de la fe.

Es precisamente por ello, afirma su biógrafo Sven Stolpe, que es imposible hacer cualquier crítica a Dag que él mismo no se haya formulado abundantemente en su Diario:

Mientras escuches con mayor fidelidad a la voz en tu interior, mejor escucharás lo que suena en el exterior. Sólo aquél que escucha puede hablar. ¿Será éste el punto de partida del camino hacia la unión de tus dos sueños, que se te permita tener claridad de mente para reflejar la vida y la pureza de corazón para moldearla?

Observaciones, único libro de Hammarskjöld, abarca unos años y representa las memorias y el perfil de un hombre, retraído en un mundo de progreso, que se preocupó por la muerte en la vida y buscó la paz entre las naciones beligerantes.

En 1955, dijo de este libro:

Estas anotaciones fueron como postes indicadores que uno comenzó a plantar cuando llegó el momento de necesitarlos; momento determinado que continuó sin perderse de vista.

Presuntivamente, el referido momento fue el día de Pentecostés de 1961:

Pues en este momento tuve que decir ‘sí’ a alguien o a algo; estuve seguro de que la vida tiene sentido cabal y de que la mía tendría una meta si renunciaba a mí mismo.

El momento en cuestión pareció abarcar toda su vida. En uno de sus sonetos dice:

“Estuvo Él dispuesto a reunirlo todo en un solo sacrificio”. Esto lo dedujo del siguiente concepto: “La cruz no ha de unir sólo a los que profesan el Cristianismo; también ha de extender sus brazos a los pueblos con otras creencias religiosas para formar una hermandad universal” (La cruz y la roca, de T.S. Settele).

"Se hace Vd. cargo del trabajo más imposible del mundo". Con esas palabras entregó el noruego Tryggve Lie el cargo de secretario general de Naciones Unidas a Dag Hammarskjöld. Entonces, la organización mundial estaba inmersa en una grave crisis, y Lie había decidido dimitir.

Las Naciones Unidas son necesarias porque marcan una etapa hacia formas definitivas de la cooperación internacional de alcance universal. Por mi parte, estoy convencido de que vendrá esta cooperación; pero no puede aparecer sin superar la prueba de un largo camino de experiencias diversas.

En 1958, visitó la Basílica de San Pedro y fue recibido por S.S. Pío XII, que le asombró con su conocimiento del intrincado problema del desarme. Comentó al respecto:

“No es casual que haya tenido que ir a Roma para conocer mejor este problema”. En el transcurso de una entrevista con el Sumo Pontífice, éste le dijo: Vous etes (con pico sobre la primera e) mon homologue laïque. El poeta W.H. Auden escribió que Hammarskjöld le había dicho que él era un pontífice secular que procuraba la paz entre los hombres.

La diplomacia silenciosa

Al tomar posesión de su cargo, Hammarskjöld era en gran medida una hoja en blanco, pero enseguida se vio que tenía capacidad para aumentar la eficacia de la organización de la ONU. Así, se dio a conocer como un funcionario sumamente fiel a sus deberes y abnegado, con una actitud muy clarividente respecto a su puesto.

Le impulsaba la voluntad personal de actuar con rapidez, lo que concordaba con su opinión de que los problemas debían resolverse en una fase temprana, antes de que tuvieran tiempo para complicarse.

Durante su mandato se introdujo en la ONU la diplomacia silenciosa. Según él, ese método era preferible en ciertas situaciones a los debates abiertos, que, a menudo, conducían a graves antagonismos.

Viejos credos en un nuevo mundo

Este el título de un discurso de Hammarskjöld particularmente importante para comprender su pensamiento sobre la política y las consecuencias de su fe. En él afirma:

El mundo en el cual crecí estaba dominado por principios e ideales de un tiempo lejano que puede parecer muy aislado de los problemas a los que se enfrenta el hombre de mediados del siglo XX.

Sin embargo, mi camino no ha significado un alejamiento de estos ideales, al contrario, he sido llevado a un entendimiento de su validez para el mundo de hoy, así un esfuerzo nunca abandonado de construir franca y firmemente una creencia personal a la luz de la experiencia y del pensamiento honesto me ha llevado en un círculo; ahora reconozco y avalo sin reserva aquellas creencias que una vez me fueron dadas por otra generación.

De generaciones de soldados y funcionarios públicos por parte de mi padre heredé la creencia de que ninguna vida era más satisfactoria que aquella de servicio altruista por su país o por la humanidad, este servicio requería un sacrificio de todos los intereses personales y también el valor de ponerse de pie para defender sin duda alguna sus convicciones.

De estudiosos y clérigos, por el lado de mi madre, heredé la creencia que en el sentido radical de los Evangelios todos los hombres son iguales como hijos de Dios y deben ser encontrados y tratados por nosotros como nuestros “señores” en Dios.

La fe es un estado de la mente y del alma, en este sentido podemos entender las palabras del mítico español San Juan de la Cruz: “la fe es la unión de Dios con el alma”.

El lenguaje de la religión es un conjunto de fórmulas que registra una experiencia espiritual básica y no debe ser entendida como una descripción en términos que deben ser definidos en la filosofía de la realidad que es accesible a nuestros sentidos y la cual podemos analizar con las herramientas de la lógica.

Tardé en entender lo que esto significaba, cuando finalmente llegué a este punto las creencias en las cuales fui educado y que de hecho habían dado dirección a mi vida aun mientras mi intelecto todavía desafiaba su validez, fueron reconocidas por mí como mías por propio derecho y por libre elección.

Yo siento que puedo avalar estas convicciones sin ningún compromiso con las demandas de honradez intelectual tiene y que es la llave de la madurez de la mente.

Los dos ideales que dominaron mi infancia se encontraron completamente armonizados y ajustados a las demandas de nuestro mundo de hoy en la ética de Albert Schweitzer, en la que el ideal de servicio es apoyado y a su vez apoya la actitud básica del hombre señalada en los Evangelios. En su trabajo también encontré para el hombre moderno la llave del mundo del Evangelio.

Pero la explicación de cómo el hombre debe vivir una vida de servicio social activo, en armonía total consigo mismo como miembro de una comunidad del espíritu, la encontré en los escritos de aquellos grandes místicos españoles para quienes la “autorrendición” había sido el camino para la “autorrealización”, y quienes en unidad de mente y en interioridad habían encontrado la fuerza para decir “sí” a todas las demandas que las necesidades de sus prójimos los habían enfrentado, y decir “sí” también a todo destino que la vida tenía preparado para ellos cuando seguían la llamada del deber como ellos la entendían.

El amor, esa palabra tan frecuentemente mal utilizada y mal interpretada, para ellos significaba simplemente el sobrefluir de la fuerza con la cual se sentían llenos en plenitud, cuando vivían n el verdadero autoolvido y este amor encontraba expresiones naturales en un cumplimiento sin dudar de su deber y en una aceptación sin reservas de la vida, fuese lo que fuese que les trajera personalmente, trabajo, sufrimiento o alegría. Creo que sus descubrimientos sobre las leyes de la vida interior y sobre la acción no han perdido su significado.

Tres crisis mundiales

Durante su mandato, Hammarskjöld consiguió mitigar las consecuencias de tres graves crisis en el mundo: la guerra por el canal de Suez, en 1956, así como los conflictos de Líbano y de Laos. En 1960 estalló una guerra civil en el Congo. Hammarskjöld consiguió hacer aprobar el envío de fuerzas de la ONU a aquel país e intentó mediar personalmente entre las partes contendientes. Fue durante una de esas misiones cuando murió Hammarskjöld al estrellarse su avión en la actual Zambia el 18 de septiembre de 1961.

La Sala de Meditación de la ONU

Hammarskjöld era responsable de la sala de Meditación de las Naciones Unidas y no sólo le dedicó toda su atención; también dispuso su simbolismo. Dos o tres veces por semana visitaba la capilla de dicha sala para gozar de un momento de quietud; en la pared meridional, y enfrente de la entrada de la entrada, hay una placa de bronce dedicada al conde Bernadotte, asesinado el 17 de septiembre de 1948, que el propio Hammarskjöld descubrió el día de su inauguración.

Al que la haya visitado quizás le habrán desilusionado sus dimensiones, su melancolía y su sencillez; es un símbolo de la confusión moderna. Aún así, representó para Hammarskjöld, que la proyectó, un sitio dedicado a la paz exterior y a la quietud interior.

El bloque de hierro que forma el altar es uno de los seis pedazos de mineral sacados de las entrañas de la tierra por una compañía minera sueca con objeto de hallar el más adecuado a tal fin; luego la pulieron para que brillara como una piedra preciosa. Hammarskjöld dijo de él:

En esta sala intentamos transformar las espadas en rejas de arado y pensamos poder consagrar el material de que están fabricadas las armas. Por ello, estimamos que el más apropiado para representar el mundo que habitamos debía ser el mineral de hierro, pues de él se fabrican espadas y edificios y representa la verdadera paradoja de la vida humana, por ser un don de Dios y por tener uso en la construcción y la destrucción. Esto nos lleva a elegir entre lo uno o lo otro.

Creo que comprenderán su sentido, que puede verse en muchas religiones: este altar no está vacío por faltar Dios, sino porque a Él se le honra distintamente. La piedra del centro representa el monumento del Dios de todos...

Este edificio, de líneas arquitectónicas modernas, tiene algunas cosas que les causarán impresión de importancia, solidez y estabilidad, como este altar al que hemos querido dar apariencia de algo más que temporal...

Necesitábamos una sala en que reinase el sosiego, con un par de símbolos muy sencillos: luz y luz convergiendo en la piedra. Éste es el motivo de que haya un bloque de hierro en el centro de la sala que brilla, como el hielo, herido por el suave alumbrado del techo, y simboliza el encuentro de la luz del cielo y de la tierra.

El día antes de partir para el Congo, en cuya misión halló la muerte, visitó la referida sala e hizo poner una lápida de mármol negro en la pared occidental de la misma. Aquello constituyó uno de sus últimos actos oficiales, y dejó escrita la inscripción que debía llevar dicha placa:

Esta sala está consagrada a la paz y a los que sacrifiquen su vida por ella.

Murió trece años después de haber inaugurado la placa dedicada al conde Bernadotte.

La importancia del diálogo

Quizá el vuelo final que llevó a la muerte a Dag Hammarskjöld sea uno de los mejores ejemplos de su vida: mientras volaba hacia Ndola en misión para negociar la paz con el presidente Moïse Tshombe, en medio de la noche del 17 de septiembre de 1961 y sobre territorio hostil, iba traduciendo al sueco el Yo y Tú, la gran obra filosófica de Martin Buber.

He aquí algunos textos clave sobre la importancia que Hammarskjöld daba al diálogo:

Sólo decir a los otros lo que es de importancia para ellos, sólo presentar lo que se necesita saber, sólo discutir para llegar a una conclusión. Pensar en voz alta sólo para aquellos para los que tiene significado. La conversación trivial no debe llenar el tiempo y el silencio, excepto como medio para llevar mensajes no expresados entre personas que están en sintonía.

La “cara” del otro es más importante que la propia. Si al luchar por la causa de otro se lucha al mismo tiempo por la de uno, no se puede esperar el éxito.

Solamente se puede encontrar una solución duradera a un conflicto si se ha aprendido a ver la posición del oponente en forma objetiva, pero al mismo tiempo a experimentar sus dificultades en forma subjetiva.

La experiencia de primera mano es valiosísima y quien no la ha buscado se encontrará un día con que carece de lo que necesita. Una mente cerrada es debilidad y aquél que llega a otras personas sin la ambición de aprender y captar su perspectiva debe preocuparse.

El respeto por la palabra es el primer mandamiento en la disciplina a través de la cual el hombre es educado a la madurez –intelectual, emocional, moral-. El respeto por la palabra –emplearla con cuidado escrupuloso y con incorruptible amor por la verdad- es esencial si ha de haber crecimiento en la sociedad o en la especie humana. Mal usar la palabra es mostrar desprecio por el hombre. Socava los puentes y envenena los pozos. Causa que el hombre retorne hacia abajo en el camino de su evolución.

Una mentira exitosa es una mentira doble; un error que tiene que ser corregido es, a la larga, más pesado que la verdad; sólo con una honradez total se puede esperar llegar a los cimientos de honradez que en todo ser humano siempre se debe esperar encontrar, aún debajo de profundas capas de maldad.

Fuerzas de pacificación

Dag Hammarskjöld dio al cargo de secretario general de la ONU una autoridad completamente nueva. En sus misiones negociadoras siguió una línea neutral y subrayó la tarea de la ONU de proteger también a los Estados pequeños frente a las grandes potencias. Fue asimismo Hammarskjöld el que configuró el mandato de la ONU para crear una fuerza de pacificación, que se convirtió en un elemento permanente de las medidas de Naciones Unidas en situaciones de crisis.

Emery Kelen dijo que Hammarskjöld compuso unos versos para su diario diez meses antes de su muerte; en ellos hace una descripción de su persona bajo la luz de la luna en el bosque de la mística noche; temeroso de Dios y sumiso a la voluntad de Él, llama a los hombres que no pueden oír y sabe que se encuentra en la alborada del día del juicio cuando el amor que su corazón ha mantenido para los otros ha alcanzado su mayor amplitud o, como había escrito anteriormente:

El que teme a Dios no teme al hombre

El 26 de septiembre de 1957, escribió en su diario:

Lo mejor y más sorprendente que a uno pueda sucederle en la vida es guardar silencio y dejar a Dios que hable y obre... ¡Mucho ha que me tienes sujeto, Hondero, ya en la lucha o en el tiro al blanco!

Brian Urquart describe así a Dag Hammarskjöld:

“No fue mesiánico, sino más bien en la antigua tradición de la imitación de Cristo en sacrificio y en servicio a los otros. Fue miembro de esa pequeña y solitaria banda que a través de toda la historia se ha comprometido simultáneamente en tratar con el duro mundo de la realidad social y política y en buscar siempre un significado espiritual que trascienda al mundo”.

A Dag Hammarskjöld se le concedió a título póstumo el Premio Nobel de la Paz en 1961. Hammarskjöld fue también una gran personalidad en el mundo de la cultura. Fue autor y traductor, así como uno de los 18 miembros de la Academia Sueca.

Su vida entera se resume en los siguientes versos escritos en Observaciones:

El camino
Que has de seguir
La diversión
Que has de olvidar.
El cáliz
Que has de beber
La pena
Que has de ocultar.
La verdad
Que has de defender.
Y la meta
Que has de alcanzar.


Bibliografía

Adalberto Saviñón Déz de Sollano, Artesanos de la democracia, Adam Michnik, Aldo Moro, Aung San Suu Kyi, Dag Hammarskjöld, Jaques Delors, Saul Alinsky, Vaclav Havel, editorial JUS, Centro Lindavista, México, 1997

Conferencia del Episcopado Mexicano, Los cristianos y la vida pública, espiritualidad y ética civil, Cardenal Joseph Ratzinger, Parker J. Palmer, por: Gunnel Torén, bibliotecaria para asuntos de la ONU en la biblioteca Dag Hammarskjöld, ediciones CEPS-Cáritas Mexicana, México 1989

Fulton J. Sheen, Vestigios humanos en la selva, editorial Planeta, Barcelona, 1970

Gunnel Torén (bibliotecaria para asuntos de la ONU en la biblioteca Dag Hammarskjöld), Dag Hammarskjöld, secretario general de la ONU 1953-1961: al servicio de la paz
http://www.sweden.se/templates/cs/Article____11530.aspx

 EL CAMINO

Cansado
y solo

tan cansado que

el Corazón me duele
el agua que se derrite
baja por las rocas.

Mis dedos están congelados
las rodillas me tiemblan

Este es el momento

El Momento en que no has de rendirte.

En el Camino de otros
hay lugares de descanso
lugares bajo el sol
donde pueden reunirse

pero este es tu Camino

y este es el momento

el momento en que no has de fallar

Llora,
si puedes

Llora, pero no te quejes

El Camino te escogió
y tú has de estar agradecido


Dag Hammarskjold
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